
Todavía mareado por el terrible oleaje de la pasada noche, me muevo por el barco dando tumbos intentando llegar al timón. El barco estaba destrozado. Velas rotas, mástiles partidos... Levante la cabeza y miré a mi alrededor.
-¿Donde estan mis hombres?- Me pregunté.
No veia a nadie por ningun sitio. Como pude, fui hasta el camarote de proa y encontré un joven marienero que no había visto nunca en mi barco. Estaba sentado sobro dos patas de la silla mirando el mar por el ojo de buey del camarote. Desenfundé mi espada, pusé la mano izquierda sobre el pomo de la puerta y la abrí muy despacio. Asomé primero la cabeza y acontinuación el resto del cuerpo. Me empezaba a aproximar a él pero mis botas con tacón de madera me delataron. Me quedé quieto y escuché. No, no se habia dado cuenta de que había enterado. Pero antes de que diese un paso mas, el hombre dijo:
-Bonito barco capitán, le debe haber costado una fortuna-.
-¿Tu no me conoces verdad?, yo soy el director de la cadena hotelera Sturifurius tengo mas pasta que los Rokefeler- Dije para intimidar.
-Pues la verdad es que no, no le conozco, de hecho, es la primera vez que le veo-. Respondio el Hombre con aire vacilón.
-Como continues asi de desafiente acabras mal-.
-Tiene razón, donde estan mis modales. Soy Frederick Kneebone y soy biologo marino. Y usted es...-.
-Yo soy Pepito de los Palotes y no entiendo nada de lo que ha pasado, ni donde estoy, ni que ha pasado con mis hombres. Yo salí en busca de la isla de Madagascar para comprar un terreno y lo ultimo que recuerdo fue una gran tormenta y mis hombres corriendo de un lado para otro.
-Le voy a contar lo que ha ocurrido Pepito, un ola gigante se acercaba por babor, todos sus hombres intentaron cambiar de rumbo pero su esfuerzo fue en vano. El barco volcó y el mastil llego a tocar el fondo.
- ¡Pero si yo hace unos minutos estaba ahi fuera!- Le interrumpí.
-Eso es por que la fuerza de la ola nos hizo girar 360º- Contesto Frederick con mucha tranquilidad.
No podía creer lo que me estaba diciendo, todos mis hombres han muerto.
-¿Eso significa que ahora solo estamos usted y yo para mover este barco hasta puerto?- Pregunté con lágrimas en mis ojos.
-Así es mi querido Pepito, así es...-.
Con las velas rotas, el barco en esta situacion y sin saber las cordenadas en las que estabamos, era dificil volver a casa. Salí, cojí un cabo me lo até al tobillo por un extremo, y a un barril por el otro. Cojí el barril con las dos manos y lo lancé por la borda lo mas lejos que pude.
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